sábado, septiembre 02, 2006

ERNESTO CASTRO ARELLANO

Nació el año 1887. Estudió en la Escuela Normal de Chillán, llegando a ocupar el cargo de Sub Director.
En 1948 es nombrado Director de la recién reabierta Escuela Normal de Curicó que fuera cerrada en 1928 por Carlos Ibañez del Campo.
Las distintas promociones que recibieron el anhelado Título de Profesor Primario, le recordarán siempre con su fraternal sonrisa y el cálido cariño que supo entregarnos como Maestro, Director y amigo.
Fallece a los 85 años en Valparaíso el 8 de Diciembre de 1972, después de haber cumplido 50 años de entrega fecunda y generosa a la educación chilena. Sus restos permanecen en el cementerio de Playa Ancha, en el Bloque KLK, nicho N° 20. Hasta esta tumba han llegado muchos de sus queridos exalumnos, a testimoniar su gratitud al Maestro, Padre y Amigo de tantas generaciones que egresaron de la Escuela Normal de Curicó.

Escuela Normal de Curicó 1906 2006

El 1° de Septiembre de 1906 abre sus puertas la Escuela Normal de Curicó en un local antiguo, de gran pobreza y en un estado que impedía un trabajo de calidad. Su primer Director fue don Emilio Figueroa. Entre los primeros profesores se contó con Cecilio Imable Yenz.

Esta Ecuela Normal de Curicó, bajo la dirección de Don Guillermo Martínez, en 1928 es suprimida por el Gobierno de Carlos Ibañez del Campo, junto a las de Copiapó, Victoria, Valdivia, Limache, N° 3 de Santiago, Talca, Concepción y la de Puerto Montt.

Por Decreto N° 2689 del 22 de Abril de 1948 y bajo la firma de Gabriel González Videla, se reabre la Escuela Normal de Curicó ubicada en calle Carmen esquina de Prat, ocupando el viejo y venerable caserón que acogió durante 50 años a diversos planteles de enseñanza, pasando de la Escuela N° 5 a la Vocacional de Niñas y por último a la Escuela Normal.

En la Apertura aparece la figura de don Ernesto Castro Arellano, Profesor Normalista egresado de la Normal de Chillán y hasta entonces subdirector de dicha Escuela. Este gran maestro, conductor de grandes condiciones pedagógicas y humanas, se dedica por entero en llevar a un sitial de privilegio a su querida Escuela Normal de Curicó, consiguiéndolo sobradamente con calidez y sabiduría.

Luis Palavecino ha iniciado su Blog, puedes visitarlo aquí:

http://www.luispalavecino.blogspot.com/
... Y en futuro tu nombre es eterno ...
En el aniversario del centenario de la Escuela Normal de profesores de Curicó, Exalumnos rindieron homenaje a la memoria de Don Ernesto castro y de todos los maestros que fìsicamente ya no están con nosotros, pero su recuerdo sigue presente.

Junto a la tumba de Don Ernesto castro Arellano, Cementerio de Playa Ancha, Block KLK, se reunieron el 1 de Septiembre, normalistas curicanos provenientes de: Rengo, Santiago,Quilpué, Viña, Valparaíso y Curicó.
Luego de las palabras de Juan Hidalgo N. (Promoción 61), gran artífice y gestor de esta extraordinaria iniciativa, se rindió un minuto de silencio en memoria de los maestros normalistas. Siguieron las palabras del presidente del centro de alumnos y la intervención de Carlos Morales (Normal J.A. Nuñez), Secretario general de la Asociación Nacional de profesores Normalistas de Chile. Se Finalizó la ceremonia entonando el himno de la Escuela Normal de Curicó, que en voces emocionadas rompíó el silencio del campo Santo, quedando los ecos del... ¡Muchachos, de dónde somos!...

























jueves, agosto 31, 2006

EL ESPÍRITU NORMALISTA

Muchas veces me he preguntado ¿de dónde brotó tal actitud humana: afán de servicio absolutamente desinteresado e impersonal, dedicación cien por cien al ejercicio de una profesión incomprendida y mal remunerada, y esa pasión apostólica por la docencia, de la generación de “maestros” egresados de las Escuelas Normales del país, hoy, desgraciadamente, desaparecidas? La respuesta debería ser muy simple: una formación adecuada, vocación y más vocación y un ambiente de trabajo muy difícil de imaginar en estos tiempos con una multiplicidad de necesidades imprescindibles por resolver. Si nos remontamos a las primeras décadas de la segunda mitad del siglo XX (período en que egresaron las últimas generaciones de profesores normalistas) y recordamos la realidad social, económica y cultural imperante en nuestro país: más del 70 por ciento de locales escolares en mal o muy regular condiciones estructurales, ubicados en remotos pueblos, villorrios y aldeas: vetustas casas habilitadas como aulas; (los locales urbanos considerados como palacios eran las Escuelas tipo Balmaceda., hoy estimados como obsoletos, aunque muchos están vigentes); en los campos: bodegas, galpones y ranchos cayéndose a pedazos, remecidos por el viento, con techos de calaminas oxidadas, patios de tierra, sin agua potable, pozos negros por letrinas cuyas puertas eran hilachentos gangochos y asientos de cajones casi siempre derruidos, atiborrados de moscas, en donde para llegar a los más increíbles rincones, había que transitar por barrosos caminos (muchas veces sólo senderos) en invierno, convertidos en trumao en otoño y primavera, saltar cercas, atravesar potreros, accediendo a ellos a veces en destartaladas “góndolas”, las más, a caballo, mula, carreta, carretela, con suerte en bicicleta o sencillamente a pie, caminado kilómetros tras kilómetros; sin Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas que les proveyera algunas alimentación, debiendo recolectar papas, choclos, zapallos, porotos y algunas verduras, prepararlos en hollinados fondos y aplacar, a medio día, los vacíos estómagos a decenas de niños con sus cuadernos y libros bajo el brazo, cubiertos con raídos ponchos, a pata pelá o con hojotas confeccionadas con restos de neumáticos usados, descolgados de los cerros, remontando quebradas, muchas veces sucios y harapientos, debiendo las colegas despiojar sus impenetrables cabelleras y restregarles los pies con piedra poma para sacarle el pellín; hacer una y mil figuras y echar a valorar su imaginación para atender simultáneamente dos, tres y hasta cuatro cursos separados por filas en esas escuelas uni o bidocentes tan comunes por aquellos tiempos, amontonados o sentados de a tres en esos históricos bancos, pesados y ruidosos armatostes con pata de fierro y el clásico agujero en su centro para colocar el tintero; escribir en esos pizarrones (pizarras mejor dicho) afirmados de las endebles paredes o semi colgados; pagar pensión en casas sin ningún tipo de comodidad, dormir en duros colchones, por lo general llenos de pulgas o chinches; a veces, amoldarse en estrechas piezas adosadas a la escuela en donde solo el tañer de esa campanita colgada milagrosamente entre dos espigados palos de eucalipto, y pese a ello, jugar con sus niños a las “naciones”, encestar la pelota en aros colgados de algún poste, y las interminables pichangas en esos potreros convertidos en canchas de fútbol en donde el que hacía el último gol se declaraba victorioso. Así en ese ambiente de pobreza, desamparo y múltiples carencias, debió iniciar su docencia la mayoría de los “profesores normalistas” (recordemos que sólo los tres primeros lugares de cada promoción, podía ser nombrados en una ciudad de cuarenta mil habitantes o más, por lo tanto sus designaciones, era en escuelas rurales, por lo general esperar años para obtener su primer nombramiento). Ese maestro debió desempeñar, además de la enseñanza, múltiples oficios: ora reparando bancos y construyendo bancas; ora tapando goteras, parchando techos y otros enseres; ora ampliando salas o levantando nuevas; ora cortando largas y duras chascas; ora como entrenador deportivo: enseñando los rudimentos de básquet, fútbol o ping pong y atletismo, preparando sus alumnos para las competencias anuales y hacer las presentación de la “clásica revista de gimnasia”. Y nuestras colegas: cocinando, haciendo malabares para darle a sus queridos niños, un vaso de leche, un plato de tallarines o de legumbres; ora cosiendo delantales, enseñando a bordar e incluso hacer sus propias prendas de colegio; ora desenredando múltiples cabelleras, lavárselos y echarle creolina para matar liendres y piojos (Técnicas Manuales y el Grado Vocacional obligatorio); ora realizando múltiples beneficios: rifas, bingos, ramadas, veladas u otros espectáculos para obtener dinero ya sea para comprar útiles, muebles, ampliaciones de salas, o realizar giras de estudios. Muchos crearon los primeros Centros de Alfabetización y Escuelas de Adultos y se convirtieron en el Paño de Lágrimas de los Padres o Apoderados, y unos pocos llegaron a ser dirigentes sociales, impulsando la creación de Juntas de Vecinos y Adelanto Comunal. Y todas esas acciones extra programáticas, las hicieron (increíble concebir en estos momentos) sin cobrar ni exigir o recibir otro pago a no ser su escuálido sueldo mensual. Unos pocos fueron elegidos regidores, los menos Alcaldes y hasta ahí su carrera política, por cuanto la Cámara de Diputados estaba reservada a los Abogados, Médicos u otra profesión liberal, y la de Senadores, era ocupada por terratenientes, de alto abolengo y apellidos “vinosos”. ¡Ah, cuánto podría contar cada profesor normalista! Cientos de novelas heroicas y dra-máticas podrían escribirse. Su permanencia en esas primeras designa-ciones, podía durar años y años. Otros, más inquietos y luchadores, hicieron numerosos cursos de per-feccionamiento y de formación y fueron gota a gota saliendo de esos inolvidables y remotos lugares de su primer nombramiento hasta llegar a la Gran Urbe, establecerse definitivamente con su familia, educar a su hijos y permitirles estudiar otra profesión mejor remunerada, menos sacrificada y de un porvenir más halagüeño. Esa labor de pioneros educando a miles y miles de futuros ciudadanos que serían los pilares para forjar el Chile que hoy dis-frutamos, no debería olvidarse jamás por todos los chilenos y ser ejemplo permanente para esta y futuras generaciones En consecuencia, ¿es mucha vanidad contar con un Santuario o un Monumento para perpetuar e inmortalizar la monumental obra de esas generaciones de “auténticos maestros” que llevaban y llevan, los que aún siguen ejerciendo, la vocación de educar y servir impregnada hasta en la última célula de su ser? ¿No sería acaso el ejemplo de mayor valor humano ante tanto individualismo, ansias de riqueza, de poder y de atroz consumismo que hoy nos agobia? ¿No sería la obra cúlmine más representativa para celebrar el Centenario de la Creación de las Escuelas Normales de nuestro país? Pero, ¿quién impulsará tal Proyecto si no somos nosotros los que aún respiramos y con nuestro entusiasmo atraemos el interés y la cooperación de aquellos que desean cristalizar valores más dignos del ser que se dice humano? ¡ADELANTE, ADELANTE NORMAL CURICANA QUE RESUENA ALLÁ EN EL CONFINNN. ADELANTE, ADELANTE NORMALISTAS DE CHILE QUE TENEMOS UNA ÚLTIMA OBRA POR HACER!.
LUIS A. PALAVECINO TRONCOSO
Promoción del año 1953
Esuela Normal de Curicó

miércoles, agosto 30, 2006

Romería a la tumba de Don Ernesto Castro Arellano (Viernes 1 de Septiembre de 2006)

El primero de Septiembre, en una romería que se efectuará a las 12,00 hrs. a la tumba de don Ernesto Castro Arellano, quién fuera Director de la Escuela Normal de Curicó, en el Cementerio de Playa Ancha, con motivo de celebrarse ese mismo día, el Centenario del Alma Mater normalista.
Informaré a mi regreso del programa que para ese día ha preparado Juan Hidalgo.
Malón en Quilpué

Estimado Boris, el Malón que programé para celebrar el Día del Normalista en Quilpué resultó, esto se puede repetir en cada comuna para ir uniendo aún más a los Normalistas que vamos quedando. Aproveche de iniciar una base de datos que permitirá posteriormente sacar personalidad jurídica como CLUB DE NORMALISTAS para postular a proyectos de la Tercera Edad. Te envío artículo que aparecerá en la prensa local. Nos vemos en Valparaíso.


MALÓN BUENON.

No podía ser de otra manera, Maestros Normalistas acudieron a la invitación que les hiciera Juan Hidalgo Norman, egresado de la Escuela Normal de Curicó, para celebrar el Día del Profesor Normalista, con un "Malón con Calducho", que se realizó en la Sede del Colegio de Profesores de Quilpué. El anfitrión se sintió muy feliz al ver que Maestros de las Escuelas Normales de: Viña del Mar, Antofagasta, Copiapó La Serena, Valdivia y Ancud, pudieron compartir bellos recuerdos estudiantiles y profesionales, que vivieron en esos crisoles de Maestros Primarios ,con vocación, creativos y con responsabilidad social que entregaron un aporte sólido y eficaz en el proceso de formación integral de los ciudadanos del país.
Como en toda fiesta normalista de confraternidad, no faltó el Calducho que alegro este momento de jolgorio, los 10 números que aparecían en blanco en el programa, se fueron llenando con las improvisadas actuaciones de los entusiastas Normalistas.
El programa realizado fue el siguiente:

  • "Canciones argentinas" por Hernán Cortes de la Escuela Normal de Viña.
  • "Melodías en órgano" por Gustavo Mancilla de la misma Normal.
  • Poema "A la Maestra" por Clara Krebs de la Escuela Normal de Ancud.
  • Himno de la Escuela Normal de Ancud.
  • "Poupurri en armónica" por Juan Hidalgo de la Escuela Normal de Curicó.
  • "Amigos y Mujeres" y "Corazón de escarcha" por Hernán Cortés .
  • Poema "Limosna espiritual" por Yolanda Uribe de la Escuela Normal de Ancud.
  • "Temas en teclado" por el anfitrión del evento.
  • Himno de la Escuela Normal de Viña del Mar.
  • Himno de la Escuela Normal de Curicó.

Tampoco pudieron faltar los "Ene o Ere", "Viva la Nor ,viva la Mal", y el grito Ce Ache I, ¡Normalistas de Chile!
Hidalgo también leyó un cronograma con la historia de las Escuelas Normales, que pronto aparecerá en la publicación que entregará el 1º de Septiembre, en una romería que se efectuará a las 12,00 hrs. en la tumba de don Ernesto Castro Arellano, quién fuera Director de la Escuela Normal de Curicó en el Cementerio de Playa Ancha, con motivo de celebrarse ese mismo día, el Centenario de esa Alma Mater normalista.
Después de mostrar las potencialidades artísticas forjadas en la Escuelas Normales ,y que han guardado cada normalista en su espíritu; se inició un momento importante de reflexiones, que se mantienen latentes en los corazones de estos educadores. Estos viejos Maestros manifestaron con nostalgia , el sueño y la esperanza de ver nuevamente abiertas las Escuelas Normales y el tema de la Deuda histórica que aún se mantiene desde que los profesores fuéramos traspasados al sistema municipalizado.
Es una falta de respeto, inhumanidad e injusticia, que debiéndoles a los profesores más antiguos una suma millonaria, se les pague una jubilación miserable que en algunos casos ni siquiera llega a los $100.000. Muchos ya han fallecido, se quedaron esperando.¿Tendremos qué, también morir, hasta el último Normalista, para que después la historia reconozca la vejación que se cometió con los Maestros Primarios que lo dieron todo por esa Educación Pública que fue una de las mejores de América?

JUAN GUILLERMO HIDALGO NORMAL.
Profesor Normalista y Profesor de Estado. Jubilado.
Diplomado en Gestión Educacional.

Nuevo Correo, Otro Integrante

Estimado y recordado Boris, La última vez que estuvimos juntos fué en el año 1971 en San Fernando en la sede de la U.T.E., mi nonbre es Francisco Muñoz Cuevas, jugaba básquetbol por el equipo de la escuela y la Selección de Curicó, "Pancho Cuevas", para recordarte la memoria, ingresé a la escuela interno el año 64, con Zárate, Aguilera, Gumercindo Morales, Don Ponciano, el negro Aracena , etc., desde hace muchos años no visitó Curicó, del 73, debí reiniciar mi camino en otros lares, y aquí estoy en Curacaví, soy Director de una escuela y nunca he perdido el contacto con mis queridos hermanos de la normal de Curicó, es más el año 2003 estuvieron en mi escuela con el pelado Sepúlveda nuestro profesor jefe casi 25 compañeros de ese tiempo, esepramos encontarnos este año en Curicó, en la celebración del centenario, los felicito por su página que leí escarbando en la WEB, espero familiarizarme y buscar más compañeros que se puedan comunicar con UDS.
Espero que este contacto pueda abrir más puertas y que se pueda abrir un espacio de direcciones para contactarnos con aquellos, de los que hace muchos años no sabemos nada.
Te saluda fraternalmente desde Curacaví Francisco Muñoz Cuevas

martes, agosto 29, 2006

SE REUNIO LA PROMOCION 1966

El sábado 26 de agosto de 2006 se reunió la Promoción 1966 al cumplir 40 años desde que licenciaron 37 normalistas.
Al acto asistió quien fuera el último Profesor Jefe del curso, Luis Palavecino Troncoso.
A las 10:00 AM nos comenzamos a reunir en la Plaza de Armas y luego de una sesión de fotos y lindo esquinazo frente al diario La Prensa, nos dirigimos al cine Victoria, el mismo lugar donde recibimos nuestro título de Profesor Primario.
Luego fuimos a la Escuela Anexa, hoy Ernesto Castro Arellano y descubrimos la placa recordatoria que estaba a la entrada de la Escuela Normal y que fuera rescatada y hoy adorna el ingreso de esta escuelita que tantos recuerdos nos trae.
De ahí al Club de la República donde almorzamos, cenamos y disfrutamos largas horas de recuerdos normalistas.

ENE O ERE